En los tiempos de las fake news, de la rumorología y el chascarrillo que tan fácilmente a veces se llega a difundir ayudándose de la inmediatez, rapidez y alcance de las herramientas digitales, en especial redes sociales, creo que hacemos bien al parar, tomarnos un tiempo para reflexionar sobre la parte de responsabilidad tanto corporativa como individual que todos nosotros tenemos dentro de la Sociedad en lo que respecta a Comunicación responsable.

 

Si nos detenemos en el mundo empresarial de los negocios y las compañías, estamos asistiendo a un cambio cualitativo, ése que desde hace un tiempo hace que pasemos de hablar de empresas con políticas RSC integradas en su estrategia para pasar a considerar negocios plenamente responsables que implementan la responsabilidad corporativa no como un añadido marketiniano sino que nacen ya con vocación responsable.

 

Negocios en su mayoría que dedican también muchos recursos a ser innovadores, creativos, fomentadores del talento y consumidores de comunicación omnicanal, que practican la escucha activa y que enfocan toda su energía hacia su cliente. Todo ello contribuye a que ya per se sean empresas y negocios en las que la preocupación por el medio ambiente, por la transparencia económica y por el bienestar social forme parte de su ADN y esencia. Sus equipos son así, sus clientes son así…su comportamiento ha de serlo también en lógica coherencia y exigencia.

 

Abordan sin complejos planes de comunicación responsable sistematizando todo aquello que la empresa desea transmitir y por eso han entendido como nadie que comunicar no es solo informar, es una suerte de relación multilateral, en diversas direcciones tantas como públicos objetivo existen e investigan e interactúan constantemente para poder dar así a conocer su contribución a la mejora del mundo y la sociedad que lo habita.

 

Si hablamos de responsabilidad individual, esa para la cuál parece aún no haber indicadores de medición, tendremos que atenernos al sentido común, a los sempiternos principios de la ética y la estética, para decidir si formamos parte de una cadena manipuladora o, en la cara opuesta, fácilmente manipulable…hay un espacio de confort que a menudo nos lleva a no cuestionar las cosas o a cuestionarlas pero sin atrevernos a denunciar aquello que nos parece burdo, abusivo, intrusivo, irreverente, inhumano. El bulling, el mobing, el acoso laboral…están ahí pendientes de resolución, la solución pasa por la concienciación y es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros.

 

Individuos sanos y responsables conforman sin duda empresas y negocios sanos y responsables. La responsabilidad corporativa, los negocios responsables tienen en el factor humano de sus trabajadores y equipos, una potente base para trabajar, crecer, evolucionar y propiciar los cambios, los buenos cambios.