El reto de poner horizontes en escenarios protagonizados por volatilidad e incertidumbre, viene a ser lo mismo que macarse metas volantes. Cruzar el 2020 se está convirtiendo, más allá de por lo rotundo de su grafía, en un objetivo temporal que ha puesto el reloj en tiempo de descuento en la carrera de la excelencia empresarial.

Quien más y quien menos se ha marcado ese “Rubicón” para medirse con las necesidades y exigencias del momento sobre todo cuando cumplirlas y cumplirlas bien, son condición para la supervivencia y el futuro de los negocios. Hablamos de eficacia pero también de eficiencia. La propiaComisión Europea, como órgano colegiado, ha adoptado la eficiencia de los recursos como un pilar central de su estrategia económica de la Europa del 2020.

En el actual marco capitalista, neoliberal, en el que nos movemos, la utilización eficaz de los recursos es una de las crecientes iniciativas porque lo que se pretende y así debe ser, es seguir creciendo pero haciéndolo de forma inteligente y sostenible.

En ese sentido va a ser fundamental la adopción de políticas económicas que apoyen e incluso premien precisamente el cambio a una economía eficiente caracterizada por el correcto uso de los recursos, el control de las emisiones, la mínima generación de residuos o el respeto a la diversidad. Hablo del cambio a una economía circular basada en la fusión de aspectos medio ambientales, sociales y económicos. Una economía fundamentada en la filosofía de las R’s que respeta el principio que nos lleva a cerrar el “ciclo de la vida” de productos, materiales, energía…servicios. Un gran reto sin duda para el cual se necesita educar y formar.

Educar y formar en aspectos, en verbos, en acciones que hablan de Repensar para Rediseñar en términos ecológicos, Reutilizar y Reparar antes que fabricar de nuevo para así Reducir emisiones y residuos. Reciclar y Recuperar para dar una segunda vida útil…Reinventarnos para ser más conscientes que nunca de que los recursos vitales son limitados y de que de nosotros depende su buena gestión para seguir disponiendo de ellos en un futuro no tan lejano. Una economía funcional que valoriza los recursos naturales y su uso responsable por parte de todos los actores; públicos y privados, institucionales y corporativos, en sociedad o como individuos.

Debe existir una fuerte motivación económica y empresarial a favor de la economía circular. El desarrollo de la economía circular ayudaría a disminuir el uso de los recursos, a reducir la producción de residuos y a limitar el consumo de energía y además de los evidentes beneficios ambientales sin duda se sigue generando y creando riqueza y empleo en los territorios, permitiendo su desarrollo global y obteniendo una firme ventaja competitiva, nada ilusoria y si muy ilusionante, en el contexto actual de globalización.