Un título premeditado, nada casual, para aquellos que leen en diagonal o para aquellos que se quedan con los titulares porque si algo caracteriza a nuestra época es la rapidez, mejor dicho, el escaso tiempo y por lo tanto el urgente trato que damos a todo o a casi todo.

Y sí además quieres hacer realidad la premisa del título quizás decidas detenerte y leer un poco más para saber en qué consiste eso del Internet de las Cosas, un concepto, un contenedor que huele a tecnología, inteligencia artificial y un sinfín de realidades que antes formaban parte de las más osadas películas de ciencia ficción.

A estas alturas de la historia ya nadie duda de que una vez superada la revolución industrial, la aparición de internet y de las herramientas digitales, convirtió a las pantallas en poderosas puertas de acceso a información sin límite, todo está ahí y al alcance de todos o de casi todos. Tan solo piensa como eran las cosas allá por el año 1990 cuando quizás, como yo, estabas en la Universidad y las bibliotecas eran un lugar habitual al que acudías a recabar información para aumentar tus conocimientos. Y, ¿Dónde estamos ahora?, pues en el punto de intersección, en un producto final que no último, ese que se origina cuando lo analógico y lo digital se juntan cual dos océanos, con sus singularidades, su color, su temperatura…Un matrimonio muy fructífero que hará posible entre otras cosas que cualquier objeto, herramienta, útil que precises, puedas obtenerlas, fabricarlas en casa partiendo del conocimiento digital exportado de la red, de la nube, dónde la han colocado otros o incluso tu mismo, en un ejercicio de creatividad e ingeniería colaborativa. ¿Les suenan las impresoras 3D?, ¿Les suena el fenómeno “movimiento maker”? Ingénielo, diséñelo, compártalo, prodúzcalo, mejórelo, véndalo usted mismo desde una web particular o desde un market global.

En esta ecuación que no pretende emular la de la relatividad del genio Einstein, nos falta una variable. El bombeo de internet a través de pantallas no para ahí. Por las venas y arterias de los caminos digitales en que se han convertido herramientas como las redes sociales, hemos sido capaces de conectarnos los unos con los otros, salvando distancias físicas y morales. Ahora la Conectividad es la siguiente clave. Lo siguiente es pues conectar, interconectar a estas redes nuestros objetos cotidianos convirtiéndolos en un caladero inagotable de información que filtrada, ordenada y analizada directamente se convierte en conocimiento. Conocimiento que es la base para tomar buenas decisiones. Eso siempre ha sido así, cuanto más y mejor se conocen las cosas más probabilidad tendremos de tomar una decisión correcta, afortunada y positiva.

Información puntual, a tiempo real que derive en un conocimiento que sin duda está llamado a mejorar la calidad de nuestras vidas…ya somos testigos y usuarios de electrodomésticos inteligentes, coches que nos avisan de todo, casas domóticas que controlamos desde nuestros dispositivos móviles. Todo eso ya es una realidad que en su buena y lógica evolución transformará definitivamente nuestro mundo y entorno cuando se democratice y  todo ello sea accesible a la mayoría de nosotros y lo hará antes de lo que piensas, los cambios que supusieron siglos son ahora inconcebibles…

Parafraseando a Harari; Sapiens se aventura en la “jungla digital” convertido en un semi-dios, longevo, pertrechado de Data… vamos también a presumirle que no le va a faltar ingenio y valentía para hacer un uso ético de todos estos avances.