Escritor y político, estadista y comunicador, jacetano, aragonés poniendo la pica en Flandes y puntuando a pesar de haber cruzado unas cuantas metas. Una entrevista soñada, imaginada y por fin realizada que ahora comparto con todos vosotros.

1.- ¿Un exconsejero de Hacienda metido a escritor o un escritor con muchas ganas de hacer de su fantasía realidad? ¿qué fue primero? ¿desde cuándo escribe?

Es difícil determinar cuándo un escritor comienza a escribir. En apariencia, la escritura es una operación mecánica y hasta ritual que obliga a situarse delante de una pantalla de un ordenador. Sin embargo, el proceso de escritura es más complejo porque la elaboración de la idea originaria y de los contenidos se desarrolla previamente sin que exista una referencia temporal que delimite el espacio creativo. Cometeríamos una equivocación si pensásemos que una obra tiene un origen y un fin delimitado por el momento en que se escribe la primera palabra y el momento en que se cierra la última corrección de la galerada. Un libro comienza a gestarse, de modo disimulado e improvisado, desde niño, cuando comienza el goce de la lectura y el eterno deseo que todo ser humano ha sentido de usar las palabras para expresar sentimientos. Por otro lado, la política es una fuente de temas y oportunidades que te acercan a la condición humana y, por eso mismo, al corazón de la literatura. De lo miserablemente y abyecto hasta lo sublime. Todo se puede hallar en la actividad política. Verá que es una fuente de inspiración, fundamentalmente en mis dos últimas obras, “Confidencias” y “El Antipríncipe”. Y cualquier parecido con la realidad, no es mera coincidencia.

2- Para quién escribe y en quien se inspira? En los clásicos sin duda, leyendo entre líneas no es difícil descubrir un Baltasar Gracián, burlón, somarda, con un punto cínico para ponerle bien los puntos a las íes.

Confieso que no escribo para nadie. Ni para un príncipe al que rendir pleitesía y conocimiento, como Maquiavelo, ni para un grupo de lectores determinado. En particular, en alguna entrevista relacionada con mi último libro (“El Antipríncipe”) hay quien ha querido buscar como destinatario de la obra a un político al que aleccionar en su concepción del poder, al modo clásico. Se equivoca quien piensa así. Y respecto a la inspiración, es variada. No niego inspiración de autores como Gracián en el fondo o de mi buen amigo Juan Manuel de Prada en la forma, más allá de la propia inspiración que produce la realidad misma y de sus protagonistas. Y, fíjese, hay veces que es mejor poner la i debajo del punto que el punto sobre la i.

3- Marío Garcés es más de puntos finales, puntos aparte o puntos suspensivos??

Puestos a seguir hablando de puntos, no soporto los puntos suspensivos, porque denotan una carga de indeterminación que, ni en lo literario ni en lo mundano, me agrada. Por lo demás, punto seguido o punto y aparte, al interés del escritor y de la propia narración. Incluso en ocasiones juego con el lector a narraciones sin ningún punto, en un continuo corrido y sin respiración que obliga al lector a buscar las pausas y a encontrar la lógica misma del relato.

4- ¿Cómo ve el panorama literario aragonés y español? demasiada cantidad y poca calidad? mucho escritor hablando de lo mismo y con estilos muy parecidos? en la literatura como en la política, sufrimos de hastío y desafección?

La literatura sufre una crisis muy importante como resultado de diferentes factores que conviene analizar. Voy a poner un ejemplo: cuando firmo en una Feria del Libro, causa un profunda desazón contemplar quiénes concitan las mayores colas. No son escritores consagrados y con premios merecidos, sino celebridades televisivas, ganapanes de tertulia o principiantes incapaces de construir una frase con sentido de más de seis palabras. El mercado se impone a la calidad literaria y son pocas las editoriales que no caen en esa deriva de primar las ventas sobre cualquier otro aspecto. Es el mercado, idiotas, el mercado. También hay que analizar cómo ha evolucionado el lector de menos de treinta y cinco años y cuáles son sus preferencias. Hay que buscar un equilibrio editorial entre el más y el mejor, entre lo bueno literariamente y lo mejor económicamente. Basta con ver cómo han caído las ventas de algunos de los mejores escritores españoles, que se han reemplazado por ventas de libros incomprensibles y desdeñables. Por eso, el problema hay que hacérselo ver desde la oferta pero también desde la demanda, y, en eso, como usted señala, no anda muy lejos también el comportamiento de los ciudadanos en relación con la política.

5.- Hablando de política, más bien de Comunicación Política…mucho ha cambiado en los últimos años el estilo y las formas… pero se me antoja que nada se puede comparar ni superar los discursos de un tal Churchill o las estrategias que ya proponía Maquiavelo en su obra reina el Príncipe..NO será que el marketing está matando la verdadera comunicación nacida para seducir??

Sin duda, y ese es uno de los problemas críticos de la actualidad política. Hay formaciones políticas que buscan la oportunidad sobre la base de estudios demoscópicos y encuestas de encargo para hallar donde buscar graneros de votos. A eso le suman una estrategia de comunicación basada en cierto lenguaje moderno y un liderazgo renovado y sin corbata. Y ya está. Pero cabe preguntarse qué es lo que hay detrás. Realmente nada. Un producto de lanzamiento efímero sin control de calidad. Además están los que necesitan pronunciar un discurso decisivo a cada instante, como si a cada instante estuviese la posibilidad de modificar el mundo. Son los adanistas, que acaban convertidos al fin y al cabo de un grupo de perdonavidas extremadamente peligrosos. Su propia precipitación, su deseo inabarcable de rellenar cualquier medio a todas horas, su vacuidad intelectual, les llevará hasta su extinción. Porque acabo produciendo, como usted indicaba, hasta. Churchill era hombre de un gran discurso cada año, de esos que dejaban poso y obligaban a reflexionar. Para personas como yo, que vivimos del liberalismo y del humanismo, no necesitamos lecciones a cada hora ni catecismos revolucionarios de sociedades líquidas. Basta tener unos fundamentos básicos y las ideas claras, para abominar de los mesianistas y de los voceros de palabra incontenida.

6- Precisamente en su último libro El Antipríncipe (40 piezas sobre la vida y el poder) dedica todo un capítulo a la Comunicación del buen antipríncipe. En esa antítesis, ese juego de espejos que descoloca, abruma y divierte, escribe “desista el Antipríncipe de intentar mejorar la comunicación porque es tiempo y energía perdida” “innecesario resulta el canal cuando imposible es alcanzar las mentes esquivas de los destinatarios”…esto no cuela en un momento en que los ciudadanos están más formados e informados que nunca…ahora el problema es otro: la infoxicación, qué opina??

“El Antiprincipe” es un ejercicio político y literario que busca la confusión y la antinomia constantemente, para mostrar al lector ante la realidad misma de lo que ve cada día, y fundirle en un debate sobre lo que es moral o amoral. El gregarismo nos ha hecho perder en ocasiones el sentido mismo de lo que es cabal y recto, para sumergirnos en un mundo de apriorismos y contrasentidos. Y estoy de acuerdo en que los ciudadanos están cada vez más formados pero no puedo compartir la afirmación que estén mejor informados. El exceso de datos, la confluencia de diferentes fuentes de información o los prejuicios que también campan, y mucho, entre los medios de comunicación, no conducen necesariamente a una mayor información, sino, al contrario, nos arrojan a las sombras de la desinformación. Vivimos en un mundo donde hay más ruido que música, y no queremos ni sabemos reconocerlo. Hay que recuperar el sentido de la realidad buceando en la verdad, y acabar con eso que han llamado postverdad, que no es sino el umbral de la mentira y de la falacia.
7 Y pronto nuevo libro…nos lo cuenta, nos los desvela, nos persuade para leerlo?

Voy a ser prudente. En efecto, nuevo libro acabado que espero pueda ver la luz el año próximo. Pero no desvelo contenidos. Superchería de autor sin puntos suspensivos.