Sin remontarnos mucho en la actualidad y con seguimiento segundo a segundo  a través de las redes sociales y de los titulares y numerosos artículos en los medios de comunicación, prácticamente a diario, no dejamos de ser testigos de un encadenado de crisis reputacionales de las que nadie ni nada se libra: ONG’s, plataformas social media como Facebook, partidos políticos y políticos, gobiernos y gobernantes, universidades, casa reales…

Esta mala gripe parece estar “de tendencia” si me permiten cierta licencia de frivolidad, un punto de ácido cinismo para contrarrestar con un pizca de dominguero sentido del humor, ese sabor amargo que te queda al comprobar una y otra vez cuán lejos estamos de que Auctoritas se imponga a Potestas y de que con ello, acabe con el incesante cuestionamiento, descontento, desafección y rechazo popular a la autoridad establecida. Esa misma autoridad que ha perdido la confianza, la credibilidad y sobre todo su legitimidad ante todos nosotros porque ya no tiene la capacidad moral que se le presupone al buen líder y nos brinda ejemplos, sí, muy buenos ejemplos de chanzas, mordidas y evasivas dignas de la mejor novela de picaresca, género literario por otra parte tan nuestro. No será casualidad ¿será entonces una cuestión genética?.

Un mundo sobreinformado e hiperconectado, con kilómetros de conversaciones en torno a lo anecdótico, al chiste o al cotilleo, ocupando el tiempo y el lugar de lo importante y fundamental, un efervescente magma en el que las crisis de reputación suben y bajan, cotizan al alza y compiten por ser trending topic…Las opiniones desplazan definitiva y fácilmente a las fuentes oficiales que ya solo por serlo no son creíbles porque a su vez manan desde las fuentes del descrédito y se adjetivan en origen como manipuladas, cocinadas…obedeciendo a objetivos estratégicos pero… acaso no lo está menos esa cascada ruidosa e incesante de “opinología”  dónde desembocan caudalosos los ríos de la postverdad que confunden y aturden aún más si cabe y nos reducen el tiempo de reflexión a un segundo sin calidad, justo el tiempo para que un nuevo caso se desate y ahogue al anterior. Ya nos lo decía Huxley “ Una verdad sin interés puede ser eclipsada por una falsedad emocionante”…y en esta rueda infinita andamos subidos.

 

Huérfanos de líderes en quienes confiar y creer y cansados de que se nos vengan abajo dioses e ídolos que antaño nos proveían de respuestas y soluciones a nuestros males y miedos, sin referentes en las cuestiones fundamentales de la vida y abocándonos a una individualidad que nos aleja de la condición social de la convivencia y la participación, no nos extrañe que el cine de superhéroes cope las carteleras y sus protagonistas y personajes, héroes y villanos, arrastren a legiones de seguidores bien por el placer de abstraerse inmersos en una buena historia o porque al menos allí, en la sala de cine y en el territorio limitado del fotograma, sabemos quién es el bueno y quien el malo, el héroe o la heroína que defiende a los más débiles, hace suya su causa y antes de salir volando, deja al villano malherido purgando sus fechorías…La esperanza se nos pone “fashion” y ahora resulta que viste capa y licras, siempre es menos ridícula y más divertida esa imagen que la de un político defendiendo con mentiras una mentira. Oh yeah!!