El concepto de realidad y mundo líquido lo acuñó uno de los principales filósofos de nuestra reciente historia; Zygmunt Bauman. A él, premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2010, debemos textos, libros, tratados y declaraciones que, alejados de toda intención facilona de autoayuda, nos aterrizan en el cómo tratar de vivir en una época donde el cambio es permanente, la incertidumbre es ley y la inmediatez un valor en alza que deja poco espacio a la reflexión. Un análisis, una visión crítica de una situación con y usando sus palabras “un destino inexorable; con los efectos secundarios, imprevistos y no planeados…”.

Estos son los mimbres y con ellos hemos de fabricar cestos. Y ahí estamos todos, individuos, colectivos, empresas e instituciones, sumidos en una especie de caos dónde siempre tienes la impresión de llegar tarde, de ser víctima de la obsolescencia continua, de perder el hilo de los mensajes, ahogados en anécdotas y en información colateral que poco o nada ayudan a separar el grano de la paja. De ahí la turbación, el miedo o los comportamientos enfrentados…justo cuando más necesitamos comunicarnos o no lo hacemos o lo hacemos mal. No morimos de inanición morimos de sobredosis.

No quiero yo fomentar y recurrir a la queja que no es mi estilo precisamente y lejos de cualquier visión victimista, me atrevo desde estas líneas a reinvindicar el papel de la Comunicación, así en mayúscula porque me parece sustancial e imprescindible retornar a lo humano y que más humano que atender y hablar de comunicación, esa herramienta, esa capacidad y al fin, esa virtud, que nos permitió la evolución a los hombres y a las civilizaciones.

Desde este espacio de libertad y para, espero, muchos y diversos lectores interesados, me propongo ahondar en mi querida profesión e hilvanar un discurso que os lleve de manera cómoda y sin altisonancias ni altibajos, a un viaje de descubrimientos. No persigo objetivo único ni marcado más allá de hablar sencillo y claro que no simple y para el entendimiento, que para eso también sirve la comunicación. Saber qué, cómo, cuándo, porqué, hay que buscarle hueco estratégico e intencionado al hecho de comunicar sobre todo si mi lector es avezado empresario o emprendedor.

Ser competitivo en este marco líquido socio económico, en un mercado global que transacciona a la velocidad de la luz, dónde estamos siendo testigos del nacimiento y consolidación de un dinero que no es físico, el bitcoin, donde la mayor compañía de taxis no tiene vehículos, la mayor empresa de media, Facebook, no origina contenidos, vive de los contenidos que aportamos todos nosotros, dónde unos de los almacenes comerciales de más valor Alibaba no tienes stocks o, el colmo de los colmos, el mayor y más exitoso proveedor de alojamientos no tiene edificios hablo de Airnb.

Y qué tienen en común todos ellos? Además del marco de crecimiento auspiciado por una profunda Transformación Digital de su sector de negocio, un uso estratégico de la comunicación, casi diría yo que la estrategia empresarial para ser rentables es hacer de continuo comunicación enfocada al cliente, adaptada a los tiempos, profesionalizada, planificada pero flexible al cambio y sujeta a revisión y mejora continua. Una comunicación dónde el contenido en el Rey pero la conversación y el diálogo multilateral y multidireccional es la reina.