¿Estamos ante una moda o estamos realmente ante un cambio para el que no hay vuelta atrás?. A mi, personalmente, me gustaría creer que entre todos, individuos, instituciones y empresas, estamos dándole el giro necesario a las cosas, al mundo en general, para volverlo mucho más justo y ecuánime, ético y sostenible desde todos los aspectos y para cualquier ámbito, no solo porque la Ley obligue sino porque en ese esfuerzo y afán habita lo futurible de todo lo que nos rodea como especie.

 

En ese entramado de hitos en clave de cambio se nos cuelan muchos factores, muchos…valores, algunos ellos rescatados de vuelta desde el punto de extinción en el que se hallaban para resurgir, como dicen ahora, “empoderados” y para ocupar el lugar que merecen y que nunca debieron de perder en la estantería de los comportamientos y conductas humanas de sentido e interés común.

 

La Transparencia se nos ha colado ahí en ese mapa del territorio de las cosas. Transparencia es precisamente lo que se exige al arte de la Comunicación de la Responsabilidad Social Empresarial aunque no todas las compañías están preparadas para ello marcando una gran diferencia, un salto cualitativo con aquellas que sí, que son capaces de afrontar ese reto que de forma natural revierte en salto cuantitativo en términos de confianza, reputación, credibilidad, productividad y competitividad.

 

Entendiendo la RSC como un compromiso, estratégico sí, pero un compromiso que transciende a implicación cuando para ser transparentes han de accionarse los mecanismos que procuran la Transparencia. Hablo de aquellos resortes organizativos que trabajan forjando y reforzando la reputación empresarial basándose en la ética y la verdad. Esa es la fórmula y no otra: Etica+ Verdad= Transparencia.

 

Practicar la comunicación, en especial practicar la escucha activa de la audiencia, de la Sociedad, desde la participación, la cooperación y la interrelación con nuestros entornos favorecen precisamente esa transparencia, con la democratización de las herramientas de comunicación, la globalización y el acceso al conocimiento y a la información sin límites de espacio.

 

Fluye entonces un diálogo directo, realmente eficaz, fluido y transparente entre las organizaciones y sus públicos por otra parte tan variados, diversos, deslocalizados que a uno no le queda más remedio que  pensar que la dieta de la Transparencia es nutritiva, enriquecedora, alejada del todo del fast food marketiniano de quien quiere maquillar las cosas con altos contenidos tóxicos de “grasa trans” y no de trans-parencia precisamente…Bon apetit!!